Feliz Cumpleaños Sr…

Los cinco adultos íbamos en el Fiat 500 rojo, pero no nos sentíamos apretados. El carro adentro era suficientemente amplio y cómodo. Íbamos en una carretera de dos canales, uno de ida y otro de regreso, que era suficientemente amplia y con hombrillos. La carretera tenía muchas curvas y en ese tramo era en bajada. El chofer iba a bastante velocidad y yo iba un poco nerviosa, pero como el carro es bueno para correr, todo estaba bien. El paisaje era bonito, campestre, no habían casi casas alrededor, pero se veía que no era una pobre carretera, si no bien hecha. Los 4 de la familia andábamos llevando a nuestra amiga a un pueblo pequeño en la montana. La dejaríamos y nos regresaríamos. “existe una remota posibilidad que nos bajemos un momento sólo para ver un poco el pueblo”, dijo el chofer. El pueblo era turístico y tenía tienditas, cafés y restaurantes, así que era lógico que él lo quisiera ver.

Los locales estaban, como típico pueblo turístico, bastante pegadas unas a otras. Donde primero nos metimos era una especie de panadería/café, de esas con mesitas y que el señor de detrás del mostrador te trae las cosas a la mesa. Era un lugar muy limpio, bonito y acogedor. Estaba al lado derecho de una entrada compartida que daba a la calle. Si caminabas un poco hacia el fondo habías otras dos puertas abiertas; una, la de la izquierda, de vidrio daba a la tienda de vestidos y había por allí una mujer joven de cabello claro corto acomodando los vestidos un poco. La otra puerta daba a un tras patio. La tienda donde vendían vestidos también era acogedora y el traspatio se veía como familiar, como de casa y no de negocio.

Notamos que en un lugar prominente del mostrador (mostrador de vidrio de esos que muestran pasticas o panecillos, o pasteles) había una torta de color azul obscuro que era para el presidente Barack Obama  Era una torta muy bien hecha y dedicada al presidente. Nos sentamos a comer. La señora que nos acompañaba pidió un pastel de fresas (ella según andaba a dieta) de unas 3 pulgadas de ancho por 5 de largo y 5 de alto y se lo comía con tanto gusto. Yo tenía una especie de galletas rellenas con fresas también, pero me comí una sola. Nuestra amiga, entró en una transacción con el hombre del lugar y entonces puso al lado suyo un pote grande de vidrio, como para dos litros, que el hombre le dio y que estaba lleno como por la mitad de un liquido transparente como el agua pero espeso, que se suponía era algo de agave y que servía para hacer una bebida que era muy saludable. Entonces la señora quiso ir a ver unos vestidos y pasó a la tienda de al lado. En esa tienda también tenían una torta para el presidente, pero un poquito menos bonita y color amarillo claro pastel. Lo que sucedía era que se esperaba que el presidente pasara por ese pueblo, y si decidía bajarse en alguna tienda, ya todos los locales estaban preparados para ofrecerle una torta de cumpleaños y así que el viera el aprecio que la gente del pueblo sentía por él.

Desde donde yo estaba sentada, que era de espaldas a la salida y más bien dando la cara hacia el mostrador y el fondo, puse más atención al traspatio que resultó ser un lugar muy amplio y con luz del sol, era bonito. Había unas cuerdas de colgar ropa que se cruzaban de diferentes ángulos por el patio y habían colgadas unas telas blancas un poco gruesas como si fueran de mantel de buena calidad. Estaban recién lavadas pero secas y se movían sabroso al viento y olían rico. Entonces decidí ir al baño, que estaba justo en el traspatio. Me paré y sólo dije “ya vengo” y me dirigí al traspatio. Era sabroso caminar entre las telas que se movían al viento haciendo ese sonido sabroso de tela mecida por el viento como el de la tela de las velas cuando las mueve el viento, y ese golpear de cuando el viento cambia de dirección. El olor era increíble, a limpio, fresco y soleado y la brisa muy rica.

Era un patio cerrado, con plantas en porrones, todo era como pintado de azul y un poco blanco. Era como patio central de casa española, pero había mucha brisa y cuando caminabas entre las telas te sentías como que andabas en una terraza a la orilla del mar. Entonces vislumbré el baño que estaba al fondo del traspatio a mano derecha.  Habían 3 puertas: la de más a la derecha decía “hombres”, y ni me asomé; la de más a la izquierda, que decía “familias”, esa era una sala grande de unas 10 x10 yardas, limpia, con piso pulido de un color amarilloso ocre (como  mostaza claro), se veía que además de los servicios (retretes), tenía lavamanos y mesas de cambiar panales. En el medio de esas dos puertas estaba la tercera puerta que tenía una F, a lo que inmediatamente entendí que se refería a “female” (gracioso porque las otras dos puertas tenían identificativos en castellano).

Volteé a ver el patio y me metí al cuartito marcado con F. Era un bañito pequeñito, de solo servicio y lavamanos, y este justo en frente de la puerta, y el retrete perpendicular al lavamanos. Todo en tonos de mostaza, el piso de cerámica con decorados arabescos. Entré y cerré y en seguida bajé los pantalones para orinar porque tenía muchísimas ganas, entonces decidí sentarme pues todo era muy limpio y olía muy bien (esto no lo hago jamás en ningún baño que no lo acabe de limpiar yo misma) en eso entró una señora con cara de italiana, blancona, regordeta, pelo corto, claro, quien se sorprendió al verme, pero ambas lo tomamos naturalmente, ella agarró algo del lavamanos, y sin pronunciar palabras, pues en gestos de ella tocando el pomo (picaporte) de la puerta y yo diciendo que lo había cerrado entendimos cual había sido el problema, ella sonrió y se fue muy bien y yo quede ahí sentada y en eso … me desperté con unas fuertes ganas de ir al baño.

(En verdad esa anoche, cuando tuve el sueño, el presidente Barack Obama estaba de cumpleaños 52).

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