¡Que levante la mano aquel al que no le guste un baño limpio! Espero que no sean muchos.

Es tan agradable pasear por la calle y que lo único que se encuentre en el piso sean las hojas caídas de los árboles. O entrar a una cocina y ver los mesones limpios y ordenados con vasos cristalinos acomodados en un gabinete. O entrar a casa y sentir el olor limpio y fresco de ropa seca recién lavada. Pero algo si les digo, pasar todo el día en la escuela, el trabajo o cualquier ocupación, no implica que por arte de magia el espejo del baño dejará de tener esas asquerosas manchitas de agua con pasta dental y jabón o que el piso de la cocina estará brillante y pulcro. Detrás de cada mota de polvo que no está encima del televisor o en la escalera, hay una mano humana que invirtió tiempo para limpiarla.

Así que, por favor, la próxima vez que sea capaz de tirar un papel en una basura que no esté rebosante, o pueda sentarse en un toilette que no produzca náuseas, ¡dé mentalmente las gracias a aquellos que recogieron, asearon y ordenaron antes de que usted llegara!








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