Piojito

Había una vez un piojito que tenia mucha hambre y no encontraba cómo hacer para comer; la manzana que lo tenía, ahhh… que le salía agua de la boca, estaba del otro lado de la cocina, muy lejos de donde él estaba. No podía pasar por la mesa dada la mucha gente que había en la casa en ese momento. Y si se le ocurría la idea de andar por el piso, seguramente lo iban a pisar.

El pobre piojito veía y veía la manzana. Ahhhh…  y como se le hacia la boca agua.

El era muy diminuto y aunque  observaba y calculaba los pasos a dar, no encontraba como hacer.

-“Ay Dios”, pensaba, -“dame una idea Dios, dame una idea, ¿qué puedo hacer?”

Y en eso, vino el gran perro de la casa y pasó al lado de donde piojito estaba. Piojito dijo de inmediato

-“¡esta es la salida!” y saltó rápidamente encima del perro corriendo a esconderse entre los pelos.

El perro se balanceaba para todos lados moviéndose lentamente hasta que paró aburridamente y se hecho en el centro de la cocina.

Piojito pensaba contrariado:

-“Y ahora ¿qué puedo hacer para llegar a la manzana?” y sin encontrar respuesta caminaba de un lado a otro.

-“Se moviera este perro. Estar en el medio de la cocina me pone nervioso”

En ese momento apareció la dueña de la casa atareada en sus quehaceres  y cuando vio al perro en el medio le dijo:

-“Vamos, vamos Bobi, no estés allí que vamos a necesitar estar pasando.”

Esto provocó la inmediata reacción del perro quien reinició su balanceante caminar, con la suerte de pasar tan cerca de la manzana que Piojito pudo saltar hasta ella.

No perdió tiempo y comenzó su almuerzo dando unas mordidas a un lado que estaba muy maduro y dulce. Pero claro, como él era tan diminuto, ni siquiera se veía el hoyito que le había hecho a la manzana.

Su barriguita ya estaba satisfecha y el estaba muy contento, lo que deseaba era tenderse sobre la mesa a descansar; pero eso ni pensarlo, era muy peligroso, así que ahora estaba en otro gran dilema: ¿cómo regresar a su escondite? uno de los pocos sitios donde se sentía seguro al dormir.

-“Dios, ¿qué hago? ¿qué hago?”

Con la buena suerte que, para ese momento, Bobi pasó nuevamente por el lado de la mesa donde estaba la manzana, a lo que, sin pensarlo dos veces, Piojito salto de nuevo al lomo del perro.

-“¡Que buen transporte he encontrado con este perro! ¡Si el supiera!”.

La señora de la casa apareció nuevamente.

-“Caramba, casi se me pasa el día y no he bañado a Bobi y eso no puede esperar más”

Cuando Piojito escuchó estas palabras comenzó a temblar y casi cae de su peludo transporte pues el shampoo que le aplicarían al perro era mortal para el.

-“¿Qué hago?”.

Su angustia fue interrumpida por un brusco movimiento. Bobi, al oír la palabra baño comenzó a correr por toda la casa. El niño menor lo perseguía gritando y riendo, también la mama se unió a la carrera y pronto el papa, pero no le podían dar alcance a Bobi.

Piojito había visto este espectáculo en otras ocasiones pero nunca pensó que algún día desearía que el perro ganara la carrera. En eso estaba, rogando a Dios que su peludo transporte no se cansara, cuando llegó la hermana mayor y cerró las puertas, dándole así fin a la carrera.

Cuando Piojito comprendió que no había escapatoria del baño, decidió saltar al piso a riesgo de ser aplastado. Comenzó a saltar rápidamente para alcanzar la pared cuando el bebe de la casa vino detrás de una pelota y casi lo aplasta con una de sus manitas. Piojito siguió saltando, sudando del susto, cuando escucho un “Tap” “Tap” “Tap”. Era la señora de la casa que había regresado a buscar el shampoo. Piojito quedó paralizado cuando vio el pie de la señora aproximándose sobre su cabeza

-“Protégeme Señor” Dijo, mientras sentía el montón de aire movido por el pie de la señora cuando esta lo posó en el piso justo rosándole el cuerpo. La Señora salió al patio y todos con ella para ver el baño de Bobi. Piojito tomó un instante pera recuperar la fuerza en sus patas que no dejaban de temblarle y aprovechó la soledad para saltar y saltar para llegar a su refugio.

-“Esa manzana estaba muy sabrosa, pero me ha dado muchos problemas” Decía Piojito sobándose la barriga y ya imaginando dormir. Pero sin aun terminar de calmarse la señora entró de nuevo diciendo:

-“Este perro dejó muchos pelos regados por acá… No dejen pasar al bebé hasta que yo los limpie” Y con la misma tomó el cepillo de barrer y comenzó a pasarlo por toda la cocina y tan enérgica iba que Piojito fue a parar entre los pelos del cepillo, tosiendo como loco por el polvo que se levantaba. Su cuerpecito bailaba para todos lados colgado de los pelos mientras la señora movía vigorosamente el cepillo.

Finalmente la señora fue a colocar la herramienta de limpieza en una esquina donde, por casualidad, estaba recostada a la pared una muñeca vieja que era de la abuela y que nadie nunca tocaba. Piojito salió tambaleándose y estornudando, lleno de polvo, resignado a que volviera a pasar algo que lo hiciera correr de nuevo. Se dejó caer y estiró las patas para recobrar la orientación y fue cuando se fijó en el cabello de la muñeca. Miro a ambos lados y de un salto se internó entre las hebras. ¡Por fin aquel día podría descansar del ajetreo de las persecuciones! Se echó en lo que ahora era su nueva cama, suspiró pensando “mañana veré como corro de nuevo” y se entregó al disfrute de dulces sueños.

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