La abuelita contaba 83 años de edad y se negaba a usar bastón, quizás porque siempre había sido muy activa y ahora sentía que todo el tiempo se le venía encima y no quería tener esa sensación de minusvalía por necesitar el bastón. Lo cierto es que su situación y su hija la convencieron de lo necesario e importante que era utilizarlo.

En una oportunidad se encuentra a otra abuelita en misa y esta le dice: “el bastón no es minusvalía, es elegancia”. Aquella abuelita vestía un hermoso vestido y hasta usaba un abanico y realmente se veía muy regia. Este evento terminó de convencer a nuestra protagonista que usar bastón era elegante y de allí en adelante, ella y este se convirtieron en amigos inseparables. En casa y para todas partes salía con su compañero.
Pasado el tiempo, la costumbre se hizo ley y el bastón era siempre el primer invitado.
Un día la hija de la abuela, para procurar que salga un poco de casa, le hace una invitación:
Mami, ¿qué tal si me acompañas a cobrar unas facturas que tengo pendiente?
Está bien, te acompaño si yo me quedo en el carro.
Bien, mamita, te quedas en el carro.
Comienza el corre-corre para bañar, vestir, peinar y, en fin, todo lo concerniente a prepararla para salir; hasta el agua, la merienda y las pastillas.
¡Ya listas! Ahora a lidiar con el cachorro de perro que cada vez que se abre el garaje, quiere salirse. Logran salir a tiempo y hacer gran parte de las diligencias. Toca un descansito.
Mamita, ¿quieres tomar un cafecito rico? Estamos cerca.
Si quiero.
Listo, ya vamos para allá.
Cuando van a bajar, buscan el bastón y no está.
¿Dónde está mi bastón?
Ay mami, se quedó en la casa, pero yo te ayudo, es ahí cerquita, yo soy tu bastón.
Pidieron una torta y unos cafés que estaban riquísimos.
Ahora nos vamos a casa.
Al llegar el mismo asunto:
No tengo mi bastón, es mi ayuda.

Tú vas a ver que ya lo vamos a encontrar donde siempre está, en el copete de la cama colgado elegante como es.
Al entrar, lo primero que hace la abuela es ir a su cuarto a buscar a su amigo.
¡Ves que no está! ¡Lo dejamos en la calle! Vamos a regresar.
No mami, yo estoy segura que lo dejamos aquí.
Pues hay que encontrarlo.
La hija se moviliza por toda la casa en vista que realmente no estaba donde siempre lo dejaban, pero no lo consigue.
¡Perdí a mi compañero! -Dice la abuelita casi llorando.
Mami, no te preocupes, compraremos otro y ya.
No, no como Bulton.
¡Me entero que hasta nombre tiene, madre! Bueno, vamos a descansar, que ya hicimos una buena merienda; más descansadas buscamos mejor.
Se acuestan a descansar en la misma cama y a los pocos minutos la hija ya está dormida —la noche anterior no había sido muy descansada—. Al poco rato siente unos toques: toc, toc, toc, toc.
¿Alguien toca la puerta? —pregunta la abuela.
No. Yo los siento bajo la cama.
Toc, toc, toc, toc.
La hija se asoma bajo la cama y ve el bastón por allá en el otro extremo.
¡Mami, adivina! ¿Qué encontré?
Es Bulton, ¿verdad? Es él quien tocaba debajo de la cama.
Mami, tienes buena imaginación.
La hija busca algo para ayudarse a sacarlo del otro extremo y, por más que lo intenta, no logra traerlo hasta su lado.
Se está poniendo difícil. -dice
¡No se va a dejar! Está enfadado como se pone cuando yo no le hago caso
Ay mami…Ya verás cómo lo saco de ahí.
Por más que la hija intentaba tomar el bastón, no lograba sacarlo del lugar donde parecía dispuesto a quedarse. Entonces decide dar la vuelta al otro extremo de la cama y… ¡Oh! ¡Sorpresa! Ahora se encontraba del otro lado.
Voy a terminar por creer que de verdad está viva esta cosa.
Disculpe, damita, yo soy Bulton — y hace una gran reverencia.
La hija no sale de su asombro.
¡Mami, tenías razón! ¡Este bastón es especial!
Estoy enfadado una vez más con la abuela —se le oyó decir a Bulton—. Hoy me dejaron como si yo no fuera parte de la familia y estoy seguro de que disfrutaron mucho.
Bulton hacía gestos de gran caballero y se paseaba por el cuarto con mucha parsimonia reclamando su puesto en la familia.
Yo he estado en las buenas y en las malas y nunca me esperé esto de ti abuela. ¿Cómo es posible que no haya estado en esa merienda?
Ay Bulton, no es para tanto, fue un olvido porque mi hija estaba muy apurada con sus asuntos.
La hija estaba… ¿Sorprendida?… ¿Emocionada?… ¿Extasiada? No se explicaba cómo su madre sostenía una conversación con… ¿Bulton era el nombre?
Ey, ¡tranquila! No es la primera vez que tu mami y yo sostenemos este tipo de discusión. Ha pasado otras veces. Ella sabe que me enfado si no me toma en cuenta.
El bastón seguía pavoneándose por el cuarto y mostrando su enfado, y la hija no podía salir de su asombro.
Hasta que… ¡se despertó!
Diana Hernández Lizausaba, 03-03-2016.








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