Momentos de Seriedad

Mi esposa y yo estábamos en la iglesia sentados en una banca mientras se celebraba la Misa. Sin embargo, mi atención no estaba en lo que estaba sucediendo en la ceremonia, si no en una espinilla infectada y molestosa que tenía en la cara y a la que trataba de sanar con una panela de jabón, de lavar ropa a mano, que tenia agarrada y que constantemente me frotaba en la piel por donde tenía la espinilla.

Photo by Annie Spratt on Unsplash

Estando en eso, observé que en el altar había un grifo del que salía un chorrito de agua. Nuestra banca era como la tercera a partir del altar, pero hay que adicionar el espacio que regularmente hay entre el altar y las bancas. Y yo, desde mi asiento, me inclinaba hacia adelante y estiraba el brazo, pasándolo entre las personas sentadas delante y entonces abría el grifo del altar, entonces mojaba el jabón en el agua del chorrito para continuar pasándomelo por la afección de la cara. Mi esposa me llamaba la atención para que dejara de incomodar a los que estaban presentes y que evitara causar posibles interrupciones, pero mi atención y acción estaba centrada solamente en tratar de sanarme y por tanto yo insistía testarudamente en continuar mojando el jabón y en pasármelo por la cara.

A la hora de la homilía, llegó un compadre nuestro que se suponía estaba encargado de hablar durante ese periodo. Muy informalmente el compadre, a la vez que caminaba hasta el medio de la iglesia y se sentaba en el espaldar de un banco, se quitó la camisa y se quedó en guarda camisa sin mangas para comenzar a hablar.

Mi esposa al verlo y reconocerlo comenzó a hacerle caras y señas discretas desde donde estábamos para llamarle la atención y hacerlo reír. Esa actitud de ella me pareció inadmisible y entonces le resalte el inconveniente para que dejara de hacerlo.

Desperté meditando.

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