Piiiii, piiiii, piiiiiiii.
Esa era una cornetica odiosa y muy insistente. Delsy se asoma a ver qué ocurre y observa a su hermano en un carrito verde chiquitico y muy coqueto –No era nuevo, por supuesto, pero era muy coqueto.
– ¿Y ese carrito? ¿De dónde lo sacaste? ¡Está cheverísimo!
– Lo estoy probando, está chévere, ¿Te gustaría probarlo?
– ¿Yo puedo? ¿De quién es?
– Pruébalo, es del maracucho lo está vendiendo y me lo dio para que lo probara.
Delsy no lo pensó mucho, el carrito le atraía por su pequeño tamaño y se veía conservado, aunque era viejito. Lo prendió, dio la vuelta y se fue a probarlo, iba muy precavida, pero al mismo tiempo le quería sacar velocidad. Se lo llevó varios kilómetros y hasta subió una parte muy empinada de la carretera. Al regresar dijo:
– Está chévere, corre bastante, pero le sentí el clutch duro o muy alto.
– Sí, ese es un detalle que se le puede mejorar.
– ¿Lo vas a comprar?
– ¿A ti te gustaría?
– ¡Claro! ¡Sería buenísimo!

– Ese carrito es para ti.
– ¿Qué? ¿Estás loco? ¿Por qué?
– Sí, mi papá y yo lo compramos para ti, está viejito, pero lo probamos y está bueno para que te lo lleves a la universidad y no andes por ahí todo el tiempo colgando en autobuses y para cuando vengas para la casa te sea más cómodo.
– ¡No puede ser! Mamá, mamá, mira lo que dice Alberto, que el carrito es mío, ¡no lo puedo creer!
– Yo lo sabía, pero, como era una sorpresa no podía decirte nada, ¿te gusta?
– ¡Claro que sí! ¡Jamás me imaginé esto! Nunca había pensado en tener carro ahorita, sino cuando me graduara, pero claro que lo quiero
Delsy corre y abraza a su hermano y le da las gracias, desafortunadamente, el padre no estaba en ese momento para disfrutar la euforia colectiva que había producido la sorpresa.
– ¿Y cuándo me lo puedo llevar?
– Ahora, cuando terminen las vacaciones, faltan pocos días.
– Entonces, ¿ya lo compraron y todo? ¿no hay que hacer ningún trámite?
– No, ya todo está listo.
– Le voy a llamar mi “cajita de fósforo”.
– Ok, ya está bautizado, cajita de fósforo.
Delsy -por primera vez- contaba los días para que terminaran las vacaciones. Ya se imaginaba en Caracas, donde estaba la universidad, manejando su cajita de fósforo y diciéndole a sus amigas que su papá y su hermano le habían regalado su carrito.
Y llegó el día de la partida. Como era una situación novedosa y la primera vez que Delsy iba a manejar en la carretera, la mamá también preparó viaje para acompañarla. Se despiden de los demás con gran algarabía y por fin inician el viaje.
El primer tramo, el Parque Nacional Guatopo -muy famoso por sus curvas peligrosas y su poca visibilidad- había transcurrido muy bien. Representaba la prueba más importante para Delsy y había sido superada; ahora faltaba la autopista que era también un gran reto.
Pasado el primer peaje, Delsy va desarrollando velocidad y siente algo extraño en el carro, como si no aceptara aceleración y el carro poco a poco va haciéndose más lento hasta que tiene que pararlo.
– ¿Qué pasará? Venía tan bien. ¿Será que se le soltó algún cable? ¿Se le soltó una bujía?
Apagan el carro y se quedan dentro esperando a que se enfríe un poco. Al rato de estar allí, se para un señor en una camioneta y les ofrece ayuda. Abre el capó, verifica algunos cables y posiblemente no hizo nada, pero el carro prendió de nuevo y arrancó sin problemas.
Transcurrieron varios kilómetros de manera muy normal, todo parecía viento en popa y de pronto comienza de nuevo a fallar y esta vez con sonidos extraños. Delsy para de nuevo y se baja a ver qué ocurre y se asoma a la parte trasera del carro y lo que ve le parece insólito, el carro echaba agua por el tubo de escape. Sus conocimientos de mecánica no llegaban a mucho, pero lo que sí sabía es que por el escape sólo debe salir humo y si sale agua, algo debe estar muy mal.
– Mamá, ahora si es verdad que no nos podemos mover de aquí, este carro debe estar muy mal, está botando agua por el escape y jamás había visto algo semejante.
– ¿Que vamos a hacer ahora?
– No tengo idea, pero hay que llevarse este carro de aquí.
Cada una opinó acerca de la mejor posibilidad de acción hasta que deciden cerrar el carro y llegarse al próximo peaje que no estaba muy lejos. Otro chofer que pasaba por la autopista y las vio con el carro accidentado les ofreció auxilio y las llevó al peaje. Allí hablaron con un guardia nacional que les llamó una grúa y finalmente Cajita de Fosforo llegó a Caracas, pero no como todo el mundo hubiera querido, sino en una grúa. ¡Tremendo estreno!
Lo primero que hicieron al llegar al apartamento donde vivía Delsy fue llamar a la casa en el pueblo y contar la novedad. Para todos fue una sorpresa puesto que el carrito lo habían probado y funcionaba muy bien, sólo había faltado probarlo en viaje largo y bueno, todos sabemos el resto.
En el pueblo decidieron que los que podían viajar eran Alberto y Douglas, ya que el padre estaba en reuniones de trabajo. Sin embargo, este les prestó el carro y claro, también les dio el dinero para lo que hiciera falta -aparte de que Alberto también tenía algún dinero y lo puso a la orden para resolver el problema.
Al día siguiente llegan a Caracas, revisan el carro y diagnostican: “se rompió la cámara y por lo pequeño del carro hay que desarmar medio motor para arreglarla”. Así que se pusieron a trabajar sin descanso hasta las 10 de la noche, cuando tuvieron todas las piezas dañadas en mano para poder solicitarlas en las casas de repuestos al otro día. Todo el mundo se acostó muy cansado, ya que mientras los hermanos desarmaban piezas, Delsy, su mamá y la tía se ocupaban de hacer comida, llevar el juguito, facilitar materiales, etc. de tal manera que funcionaron como un gran equipo.
Bien temprano a la mañana del otro día estaba todo el mundo de pie -ya se sabía dónde ir por el repuesto- así que manos a la obra. A las 11 de la mañana ya estaban con el repuesto de regreso en el apartamento y deseando que todo encajara perfectamente. A fajarse de nuevo a armar las piezas y a hacer el equipo para que todo saliera bien. Y así fue.
A las 3 de la tarde del otro día ya el Cajita de Fósforo estaba prendido, probado y listo para el regreso. En caravana los dos carros llegaron al pueblo. Pero Delsy estaba muy triste, ya no tendría carro y había perdido la ilusión.
En la noche llega el papá y felicita a los muchachos por el rápido y efectivo trabajo realizado. Conversan sobre lo problemático que sería para Delsy tener ese carro que no fue responsable ni siquiera en el primer viaje y llegan a la conclusión que ese carro no va, habrá que venderlo tan pronto se pueda.
– Delsy, ven acá. -Es al otro día muy temprano.
– Dime papá
– ¿Estas muy triste?
– Claro, es muy desilusionante ver que hoy tienes un carro y a los tres días ya no lo tienes.
– Pues yo he decidido que si vas a tener carro de todas maneras; quiero que te lleves mi Volkswagen y yo me quedo con tu Cajita de Fósforo y luego lo vendemos.
– Entonces, ¿tú me vas a prestar tu carro?
– No, te estoy dando mi carro.
– ¿De verdad papá?
– Sí, de verdad. Ese Cajita de Fósforo te va a presentar problemas en los viajes y también con el pedal que está alto, entonces yo lo cargo aquí y tú te llevas el mío y asunto arreglado
– ¿Así y más nada?
– Así, más nada.
Unos días después, Delsy por fin llegó a Caracas con carro y cuando tuvo tiempo para reflexionar se dio cuenta de toda la solidaridad de sus hermanos, de su papá, de su madre; del buen gesto de haber pensado en comprarle un carro que a ella se le hicieran más fáciles las cosas en la universidad y lo más importante la manera como todos actuaron desde el momento en que supieron que el carrito se había dañado. Todo esto le hizo dar gracias a Dios por su familia, por la solidaridad, por sus hermanos y padres, por todo lo que había pasado, ya que todo lo bueno y hasta lo que vemos como malo hace crecer a las personas, respetar más a los demás y apreciar lo que se tiene.
Fue así como Delsy tuvo su primer carro, el Cajita de Fósforo y luego el segundo, el Volkswagen. Ese último fue muy famoso, a Delsy la asociaban con él, ya que lo mantuvo muy bonito durante mucho tiempo. Aún hoy, después de muchos años, le preguntan por él. Sin embargo, en su corazón siempre mantuvo un lugar especial para el Cajita de Fósforo, su primer carro, aquel que le dio la ilusión de pertenencia, independencia y seguridad.








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